Por: Afshin Eighani - Arquitecto/Paisajista Urbano - Director Creativo AtelierCS
Si tuvieras que recorrer tu ciudad midiendo solo un metro de altura ¿Qué cambios le harías? ¿Sería fácil y seguro hacerlo? Sin duda tu perspectiva sería muy diferente.
Una ciudad niño-amigable es aquella que protege y promueve la existencia de espacios verdes, y enfoca sus esfuerzos en garantizar los espacios públicos
En la mayoría de las ciudades de Latinoamérica, debido al déficit de espacio público y parques, las calles y aceras son el espacio principal de convivencia y juego de los niños, su forma primaria de transportarse, de llegar a su escuela, de ejercitarse, de explorar y conocer su entorno.
Tanto en nuestro país como en la gran mayoría de las ciudades del mundo, las necesidades espaciales y de circulación de los niños son minimizadas o incluso ignoradas cuando se refiere a diseño y planificación de espacios públicos. A pesar que según la Organización Mundial de la salud en su informe sobre la situación mundial de la seguridad vial la causa principal de muerte de niños y jóvenes entre 5 y 29 años son los accidentes de tránsito no podemos obviar que esta problemática sigue siendo minimizada y hasta ignorada en nuestra región.
“La causa principal de muerte de niños y jóvenes entre 5 y 29 años son los accidentes de tránsito”
Es un hecho innegable que lo inseguro o incómodo en lugares al aire libre o espacios públicos puede incluso desmotivar a los más jóvenes a aprovechar estos espacios, a realizar actividades físicas, a crear comunidad y a relacionarse en persona de forma saludable con otros niños y jóvenes; factores qué, combinados con el hacinamiento y el exceso asentamientos urbanos informales, muy común en las ciudades latinoamericanas, se genera otros problemas de salud generados por exceso de peso o falta de actividad física en una etapa crucial para su desarrollo físico y psicosocial, lo más grave qué esa problemática de planeación urbana conlleva a mediano y largo plazo otros problemas sociales más complejos y difíciles de tratar.
¿Hemos aprendido la lección? El 2020 ha dejado muy clara la importancia de centrar nuestros esfuerzos y crear con urgencia espacios seguros, inclusivos, convenientes y correctamente diseñados que ayuden a mejorar la salud física y mental de todos, en especial de los más pequeños, quienes al final son los más vulnerables.
Aunque no sabemos con certeza su impacto a mediano y largo plazo, no podemos negar la realidad de que las secuelas emocionales y psicológicas del confinamiento y en especial cómo la falta de infraestructura adecuada para contrarrestar los efectos de la pandemia, pasarán factura a los más jóvenes por muchos años mas en el futuro.
Lo preocupante de la situación es qué a pesar de que se habla comúnmente y de forma activa de la reactivación económica y hay otros serios problemas políticos y sociales alrededor del mundo, se descuidan temas tan importantes como la crisis ambiental y no se está considerando en lo más mínimo cómo mejorar o solventar las necesidades especiales de los niños y jóvenes, a tal punto, que ni siquiera se discute cómo las ciudades y los espacios públicos sostenibles pueden ayudar a minimizar su impacto y a los efectos a largo plazo de nuestra nueva realidad.
Pero ¿Qué es exactamente una ciudad inclusiva para niños y jóvenes?
Es algo mas profundo que solo llenar de juegos, columpios y canchas las pocas áreas verdes existentes. Según UNICEF en la Convención de los derechos del niño "No hay causa que merezca más alta prioridad que la protección y el desarrollo del niño, de quien dependen la supervivencia, la estabilidad y el progreso de todas las naciones y, de hecho, de la civilización humana". Por lo tanto, debería haber un compromiso de mejorar las vidas de los pequeños y la aplicación de sus derechos humanos considerando sus necesidades en procesos de políticas públicas y decisiones de infraestructura: Hay que ver y escuchar a los niños, especialmente en las ciudades en las que viven. Para que sea posible, una ciudad ha de ser diseñada a una escala que no los eclipse, para que puedan sentirse confiados y seguros. Si una comunidad es genial para los más pequeños e incentiva su desarrollo y al mismo tiempo los mismos parámetros aplicados facilitan el uso y movilidad de los mayores y en especial quienes sufren algún tipo de discapacidad, entonces la ciudad será genial para todos, desde 0 a 100.
Les compartimos seis maneras en que las ciudades pueden hacer la diferencia en la vida de sus residentes más jóvenes y que debería formar parte esencial de la agenda urbana y planes de desarrollo para nuestras ciudades:
1- MÁS PARQUES URBANOS Y ÁREAS VERDES ACCESIBLES A TODOS
(El acceso a espacios verdes puede mejorar la salud de los niños y ayudar a liberar estrés y exceso de energía)
Los espacios verdes en los vecindarios no solo ayudan a mejorar la calidad del aire en la ciudad, sino que, más importante aún son la clave para impulsar el desarrollo y mejorar la salud mental y física de cualquier ser humano. Los niños con acceso a la naturaleza o a espacios verdes durante su desarrollo reducen de forma considerable sus niveles de estrés y agresividad y mejoran su habilidad de concentrarse, su desempeño académico es mejor y reducen el riesgo de enfermedades a consecuencia del sobrepeso y sedentarismo.
Una ciudad niño-amigable es aquella que protege y promueve la existencia de espacios verdes, enfocando sus esfuerzos en garantizar contar con espacios públicos dignos, con suficientes áreas de equipamiento y recreación accesibles y áreas verdes de alta calidad para todos sus residentes.
2- INFRAESTRUCTURA SEGURA PARA CAMINAR E IMPULSAR LA MOVILIDAD SOSTENIBLE, EN ESPECIAL CERCA DE LAS ESCUELAS.
Los espacios de circulación apropiados y bien diseñados permiten potenciar la movilidad activa para todos, pero especialmente explorar y aprovechar esta infraestructura de forma segura por los niños.
En nuestras ciudades es prácticamente impensable que un niño vaya a la escuela en bicicleta y quienes se movilizan a pie corren un gran peligro, esto genera altísimo estrés en los padres y profesores. Transportarse a su escuela, para obtener un derecho inherente de los niños se vuelve una diaria odisea y una actividad de un riesgo inmenso latente; ni siquiera el acceso a las escuelas o colegios cuentan con infraestructura apropiada para garantizar la seguridad vial de los niños y sus padres de familia.
Iniciativas bien planificadas de urbanismo táctico como intervenciones de pintura para delimitar áreas, pasos peatonales bien diseñados, barreras y equipamiento urbano creativo pueden crear islas de refugio y otras zonas peatonales seguras. Su correcta implementación puede dejar demostrado y convencer a la ciudad que pueden realizarse cambios mayores y permanentes en rutas estratégicas para niños y jóvenes.
3. CALLES PEATONALES - RESTRINGIR PASOS VEHICULARES
Algunas áreas pueden optimizarse cerrando el tráfico de forma parcial o completa. Es un hecho que el cierre parcial o completo de calles para vehículos es una forma muy eficaz de fomentar un mayor trafico peatonal, lo que a su vez aumenta la actividad económica, social y comunitaria. También es un excelente lienzo para crear nuevas áreas de juegos para los niños.
Algunos países de Latinoamérica implementan los “días sin vehículos” o “calle abierta”, otros han asignado uno o varios días a la semana para cerrar o limitar el flujo vehicular para crear ciclovías. La ventaja de estas acciones es que no necesitan ser demasiado organizadas o programadas para tener éxito, simplemente deben enfocarse en fomentar el flujo peatonal, incentivar el ejercicio físico y el juego. También pueden indudablemente ofrecer alivio a los vecindarios densos con pocos espacios abiertos o verdes. Dar prioridad a los niños en estas iniciativas ayudará a las ciudades no solo a brindar a los jóvenes espacios al aire libre saludables y seguros, sino también a transmitir la importancia de un futuro limpio, sostenible y equitativo.
4- CREAR ZONAS SEGURAS DE VELOCIDAD RESTRINGIDA.
Mantener baja la velocidad del vehículo es crucial para la seguridad de todos los peatones, pero especialmente de los niños. A medida que aumenta la velocidad de un vehículo, el campo de visión del conductor se estrecha, lo que les dificulta ver a los niños pequeños o reaccionar ante eventos repentinos, como un niño corriendo por la calle.
En el 2018, en el Distrito Tunjuelito de Bogotá, Colombia, La Secretaría de Movilidad del distrito junto a World Resources Institute decidió implementar una zona “niño-amigable” de velocidad restringida a 30 kilómetros por hora en un área conocida por su alta tasa de accidentes de tránsito y accidentes de tránsito. Paralelamente se implementaron medidas para calmar el tráfico con la ayuda de conos, cinta reflectante, tiza y pintura para mejorar la visibilidad de la nueva infraestructura, incluso alrededor de una zona escolar.
Como resultado de las intervenciones gemelas, el cumplimiento del conductor de los límites de velocidad publicados pasó del 29% al 86% en general, y del 36% al 97% frente a la escuela. Según los comentarios de la comunidad, más del 90% de los adultos y el 86% de los menores informaron sentirse más seguros en sus viajes. Estos resultados también ayudaron a obtener apoyo tanto de la comunidad como de la ciudad para ampliar las intervenciones en otros vecindarios. Resultados como estos pueden replicarse, solo se requiere buena voluntad y accionar de las instituciones para implementarse de forma creativa y sistemática.
5. ESPACIOS LIMPIOS Y SALUDABLES
Los niños son particularmente vulnerables a la contaminación de su entorno, la contaminación de los espacios que ocupan puede afectar su desarrollo neurológico y/o provocarles enfermedades o padecimientos que podrían hasta causar una muerte prematura. Por citar un ejemplo, debido a su altura promedio, los niños pequeños están expuestos a un 30% más de carbono negro del escape de los vehículos que los adultos. La Organización Mundial de la Salud informa que casi 1 de cada 10 muertes por contaminación del aire son niños menores de cinco años, y el 98% de los niños menores de cinco años en países de ingresos bajos y medianos respiran aire contaminado por encima de los niveles seguros. El mal manejo de desechos también causan estragos en los espacios urbanos que los niños utilizan, particularmente en la temporada lluviosa se vuelve un riesgo latente que provoca daños en la infraestructura vial y peatonal, accidentes o muertes trágicas por inundaciones o deslaves provocadas por el mal manejo de desechos y degradación ambiental.
Las zonas urbanas limpias pueden mejorar la calidad de vida de todos los que los ocupan. Áreas estratégicas como escuelas y comunidades residenciales pueden mejorar la calidad del aire al restringir la velocidad de los vehículos o el trafico pesado o público en ciertas vías, se debe restringir la entrada de vehículos más sucios y fomentar modos de transporte más limpios e infraestructura verde.
Se debe proveer infraestructura apropiada para el buen manejo de desechos, que sumado a campañas de sensibilización permitirá crear espacios mas disfrutables y desde luego saludables y menos vulnerables para los niños y sus familias.
6. CONSIDERAR EL RANGO VISUAL DE LOS NIÑOS Y SUS HABILIDADES COGNITIVAS
Debido a su tamaño, las habilidades cognitivas y visión de los niños y niñas son limitadas, definitivamente perciben su entorno de manera diferente a los adultos. Los planificadores urbanos deben considerar el entorno construido a través de esta perspectiva, con un enfoque en el espacio público y la movilidad.
Si damos una cámara fotográfica a un grupo de niños y a un grupo de adultos que retraten su ciudad desde su perspectiva, nos sorprenderíamos de lo diferente que ven nuestro entorno y lo duro que pueden ser nuestras ciudades y espacios cuando solo son pensados para personas adultas y con movilidad completa. Por ello pensar en su experiencia sensorial y su ángulo de visión es un factor crucial para diseñar y planificar una ciudad niño-amigable. Teniendo esto en mente es posible planificar con un conjunto de elementos para ciudades mas seguras para todos: cruces elevados vibrantes diseñados para controlar la velocidad de los vehículos y ser fácilmente visibles a la altura de los ojos de los niños; aceras anchas, transitables y sin barreras para adaptarse a sus niveles de comodidad y coordinación; tiras de guía táctiles para ayudar a los niños a seguir la acera de manera segura; señalización de advertencia y marcas interactivas en la acera para jugar, y áreas de espera dedicadas en las puertas de entrada de la escuela.
Muchas opciones no implican inversiones mayores, solo requieren un verdadero interés y un cambio de visión y objetivos para lograr una ciudad inclusiva pensada para todos y todas.
Los niños y niñas son el futuro, de su bienestar depende el bienestar y sostenibilidad de nuestra sociedad en general. Los niños se vuelven un indicador crucial para poder construir una ciudad exitosa, universal, habitable, inclusiva y segura. A medida que las ciudades y los gobiernos nacionales se restablecen después del coronavirus y reflexionan sobre las inversiones que acelerarán el retorno a la vitalidad económica y social, incorporar las perspectivas únicas de los niños puede ayudar a crear mejores ciudades. Es hora de que las ciudades comiencen a pensarse de manera proactiva, resiliente, empática y con proyecciones a largo plazo sobre la mejor manera de servir a todos los residentes.